“Las emociones positivas tienen
un objetivo fundamental en la evolución, en cuanto que amplían los recursos
intelectuales, físicos y sociales de los individuos, los hacen más perdurables
y acrecientan las reservas a las que se puede recurrir cuando se presentan
amenazas u oportunidades; asimismo, incrementan los patrones para actuar en
ciertas situaciones mediante la optimización de los propios recursos personales
en el nivel físico, psicológico y social” (Fredrickson, 2001).
Barbara Fredrickson, psicóloga
conocida por su trabajo en el campo de la psicología positiva, identifica diez
emociones positivas principales en su teoría de la "ampliación y
construcción" (Broaden-and-Build) sostiene que las emociones positivas
amplían el repertorio de pensamientos y acciones de una persona, lo que a su
vez construye recursos duraderos y valiosos para enfrentar los desafíos de la
vida. Sus efectos son, por un lado ayuda a regular las emociones negativas, y
por el otro, genera un espiral ascendente hacia mayores niveles de bienestar. Su
teoría, sugiere que fomentar emociones positivas en el entorno educativo puede
tener varios beneficios:
Aumentar la creatividad y
pensamiento flexible: Su aplicación puede ayudar a los estudiantes a
pensar de manera más creativa y a encontrar soluciones innovadoras a los
problemas que enfrentan.
Incrementar la resiliencia:
Al experimentarlas, pueden desarrollar una mayor capacidad para recuperarse de
los contratiempos y mantener una actitud optimista frente a los desafíos.
Perfeccionar las relaciones
interpersonales: Pueden facilitar la creación de relaciones sociales
más fuertes y saludables entre pares y con sus profesores.
Favorecer la motivación y el
compromiso: Los estudiantes tienden a estar más motivados y comprometidos
con su aprendizaje, lo que puede llevar a un mejor rendimiento académico.
Mejorar en la salud física y
mental: Están asociadas con una mejor salud física y mental, lo que
puede contribuir a una mayor concentración y capacidad para aprender.
Las diez
emociones positivas por Fredrickson son:
- Alegría: Un sentimiento de felicidad y gozo
que suele surgir en momentos de placer o satisfacción. Hay muchas fuentes que te
pueden hacer sentir alegría, como el regalo sorpresa de un amigo muy
querido, un reconocimiento público, una cena con tus amigos, entre otros.
La alegría se experimenta como radiante y ligera, los colores parecen más
vivos, caminas con fuerza, tu cara se ilumina con una sonrisa y un brillo
interior.
- Gratitud: El reconocimiento y aprecio por lo
que uno ha recibido, ya sea de personas, eventos o cosas. La gratitud llega cuando agradecemos algo
que ha venido a nuestro encuentro como un regalo. Abre tu corazón y genera
el impulso de corresponder, hacer algo bueno a cambio, ya sea por la persona
que te ayudó o por alguien más. La gratitud es una sensación
verdaderamente encantadora, una mezcla de alegría y agradecimiento; no
sigue ninguna regla, es sincera e improvisada
- Serenidad: Un estado de calma y tranquilidad
que ocurre cuando todo está bien en el momento presente. Es cuando sueltas ese largo suspiro porque
estás en una situación de lo más agradable y adecuada; por ejemplo,
pasearte en la playa o meterte en la cama. La serenidad es la emoción
luminiscente y suele venir después de otras formas de positividad, como la
alegría y el orgullo
- Interés: Un sentido de curiosidad y
fascinación por algo nuevo o desafiante. Algo nuevo y distinto llama tu atención, una sensación de posibilidad
o misterio. El interés requiere esfuerzo y atención. Sientes un impulso de
explorar y sumergirte en lo que acabas de descubrir, detectas retos que
te permiten fortalecer tus
habilidades.
- Esperanza: La expectativa positiva de que el
futuro traerá buenos resultados, especialmente en situaciones difíciles. Aparece cuando estás en una
situación desesperada, no te está yendo bien o tienes muy poca certeza
acerca de cómo saldrán las cosas. La esperanza te sostiene, te impide
rendirte a la desesperación, y te motiva a aprovechar tus propias
capacidades e ingenio. Gracias a la esperanza encontramos la energía
necesaria para hacer todo lo posible por forjarnos una buena vida para
nosotros mismos y quienes nos rodean.
- Orgullo: Un sentimiento de satisfacción y
logro en respuesta a haber alcanzado una meta o superado un desafío. El orgullo florece tras un
logro en el que has invertido esfuerzos y capacidades, y has tenido éxito.
Despierta sueños de éxitos futuros, y de esta manera alimenta la
motivación a seguir teniendo éxito
- Diversión: El disfrute y la diversión que se
experimenta al participar en actividades entretenidas o cómicas. Implica el impulso de reírse y
compartir la jovialidad con otros ante situaciones que resultan
divertidas. La diversión es un hecho social.
- Inspiración: La motivación que se siente al
presenciar actos de bondad, belleza o excelencia que elevan el espíritu. Cautiva nuestra atención, reconforta
nuestro corazón y nos involucra. Crea el impulso de dar lo mejor de
nosotros mismos. Algunos ejemplos de inspiración podrían ser: escuchar una
sinfonía de Beethoven, leer una obra literaria premiada o ver jugar a un
campeón de un deporte.
- Asombro: La sensación de asombro y
admiración ante algo grandioso, majestuoso o sorprendente. Es una inspiración abrumadora, como observar
un atardecer en el mar, oír las olas chocando contra el acantilado o una
caída de agua.
- Amor: Una emoción compleja que puede
combinar varias de las emociones anteriores y se experimenta en las
relaciones cercanas. Es la integración
de todas las emociones positivas anteriores. El contexto transforma todas
las formas de positividad en amor, despierta una relación segura y
abierta. La positividad, ya sea que se presente como cualquiera de las
emociones positivas anteriormente descritas, amplía nuestra mente y
expande nuestro campo de posibilidades, nos ofrece un nuevo panorama para
enfrentar la vida.
Fredrickson argumenta que estas
emociones no solo son placenteras en el momento, sino que también contribuyen
al crecimiento personal y al bienestar a largo plazo, al "ampliar"
nuestros pensamientos y acciones y "construir" recursos personales
como habilidades, conocimientos y relaciones sociales. Fomentar un entorno
educativo que valore y promueva las emociones positivas puede, por lo tanto,
tener un impacto significativo y duradero en el desarrollo académico y personal
de los estudiantes.
LCE: Sandra Meneses
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